LA HONESTIDAD EN LA VIDA
" La persona honesta tiene mayor garantia y aval para confiar en ella y además tiene mayores oportunidades para progresar en la vida"
Jaime Pérez S
La honestidad es una comitación; la virtud es una originalidad: Solamente los virtuosos poseen talento moral y es obra suya cualquier ascenso hacia la perfección, el rebaño se limita a seguir sus huellas, incorporando a la honestidad trivial lo que fue antes virtud de pocos.Y siempre rebajándola: Enseñemos a perdonar; pero enseñemos también a no ofender. Sería más eficiente. Enseñémoslo con el ejemplo, no ofendiendo. Admitamos que la primera vez se ofende por ignorancia, pero creamos que la segunda suele ser por villanía. El mal no se corrige con la complacencia o la complicidad; es nocivo como los venenos y debe oponérsele antídotos aficaces: la reprobación y el desprecio.
La moralidad es tan importante como la inteligencia en la composición global del carácter: Los más grandes espíritus son los que asocian las luces del intelecto con los magnificiencias del corazón, la grandeza del alma, es bilateral. Son raros esos talentos completos; son excepcionales esos genios. Los hombres excelentes brillan por esta o aquella aptitud, sin resplandecer en todas; hay asimismo talento en algún género intelectual, que no lo son en virtud alguna, y hombres virtuosos que no asombran por sus dotes intelectuales.

El hombre que piensa con su propia cabeza y la sombra que refleja los pensamientos ajenos, parecen pertenecer a mundos distintos. Hombres y sombras: difieren como el cristal y la arcilla.
Los elemntos intelectuales no bastan para determinar su orientación; la flexibilidad del carácter depende tanto de la consistencia moral como de aquellos o más. Sin algún ingenio, es imposible ascender por los senderos de la virtud; sin alguna virtud son inaccesibles los del ingenio.
El tiempo y el ejercicio adoptan a la vida servil el hábito de resignarse para medrar; crea resortes cada vez más sólidos, automatismos que destiñen para siempre todo rasgo individual.
El trabajo, creando el hábito del esfuerzo, sería la mejor escuela del carácter; pero la sociedad enseña a odiarlo, imponiéndolo a un envilecimiento infame, bajo la esclavitud de juegos y de horarios, ejecutado por hambre o por avaricia, hasta que el hombre huye de él como de un castigo: sólo podrá amarlo cuando sea una gimnasia espontánea de sus gustos y de sus aptitudes.
Felicidades y mucha suerte amigos
Jaimesito del Perú



AVE FX ------ dijo
POR ESO TODO EL MUNDO TE QUIERE.
20 Octubre 2009 | 08:55 AM